En una aldea olvidada por el tiempo, vivía un anciano llamado Kiran. Era el guardián de un faro que, aunque lejos del mar, iluminaba el sendero de los viajeros que cruzaban el desierto. No tenía riquezas ni posesiones, solo una lámpara eterna que nunca se apagaba. Se decía que aquella luz contenía la sabiduría de los grandes maestros.
Una noche, un joven llamado Ravi llegó al faro buscando respuestas. Cansado de la vida, sentía que el mundo era injusto y que su destino no tenía sentido.
—Maestro Kiran, ¿por qué el mundo está lleno de sufrimiento? —preguntó Ravi con desesperación.
El anciano sonrió y le ofreció un cuenco con agua.
—Bebe, hijo. ¿Sientes cómo calma tu sed? —dijo Kiran.
—Sí, maestro.
—Así es la vida: si aprendes a saciar tu alma con lo esencial, encontrarás la paz. El sufrimiento viene cuando buscas llenar el vacío con lo innecesario.
Ravi meditó sobre esto, pero aún tenía dudas.
—¿Cómo encuentro mi propósito?
Kiran tomó un puñado de arena y lo dejó caer con el viento.
—El propósito no se busca, se descubre en el camino. Cada paso, cada decisión te acerca a él. No temas equivocarte, porque los errores son simplemente la prueba de que lo estás intentando.
El joven asintió, pero su corazón seguía inquieto.
—¿De donde surge el ánimo? Verbalizó murmulleando.
El Maestro sosteniendo un pequeño palo señaló al pecho del joven.
—De tu corazón. Donde residen tus mejores pensamientos y donde las emociones se llenan de amor. Tú puedes sanar tu vida a través de la realidad que empieces a crear ahora.
—Maestro, ¿cómo podría cambiar el mundo?
Kiran avivo la lámpara y la colocó entre ambos.
—El cambio empieza dentro de ti. Sé la luz que deseas ver en el mundo. No luches contra la oscuridad, simplemente brilla.
Ravi sintió algo despertar en su interior, pero había una última pregunta.
—¿Y si el destino ya está escrito?
Kiran rió suavemente.
—El destino es un libro en blanco. Algunos esperan que el viento escriba por ellos, otros toman la pluma y crean su propia historia. Sigue tu leyenda personal y el universo conspirará a tu favor.
Ravi, con el corazón encendido, agradeció al maestro y partió con la determinación de ser la luz que iluminase sus pasos. Desde entonces, se convirtió en un faro para los demás, iluminando caminos con la sabiduría que una vez recibió.
Y así, la lámpara del viejo Kiran siguió brillando, no solo en el faro, sino en cada alma que aprendió a encender su propia luz.
Fin.
Kiran es un nombre proveniente del antiguo sánscrito y se traduce como "rayo de luz" o "brillo". Este término poético evoca la pureza y la claridad de un rayo de sol que atraviesa la oscuridad, iluminando todo a su paso. La luz, en muchas tradiciones espirituales, simboliza el conocimiento, la sabiduría y la conciencia.
Ravi es un nombre masculino de origen indio que significa "sol" en sánscrito. El sol simboliza la vida, la energía y el poder, por lo que el nombre Ravi suele asociarse con estas cualidades. Las personas llamadas Ravi suelen ser brillantes, alegres y optimistas. También se les suele considerar creativos e inteligentes.