11 de febrero de 2011

Emociones y Sueños (de niños). Dormir sin lágrimas.

Esta semana me encontré de casualidad con esta viñeta.
Ya hice una entrada hablando de las Emociones en la Familia en la que exponía la importancia de la existencia de un Clima Emocional Positivo en las familias...

Pero creo que aun más importante es el apego (eso de lo que muchos padres y madres se están desprendiendo cada vez más).
Mis hijos no es que durmieran mal (que era lo que pensaba en un principio), mis hijos es que son de dormir poco (quizás como su padre), y eso lo descubrí a partir de que se iban haciendo mayores (nunca ni una siesta, y como mucho 8-9 horas en la noche). Muchos despertares nocturnos y mucho tardarse en dormir... pero en esos tiempos ahí estaba su padre para besarlos, acunarlos, dejándoles que se metieran en la cama, en brazos durante gran parte de la noche. Ahora el pequeñito ya tiene 5 años... y ¡Cuánto echo de menos "pasar malas noches"! Un día te das cuenta que ya les vas a coger en brazos poco y después nada. Por eso cuánta tristeza que haya padres y madres que prefieran tortutar (si digo bien... TORTURAR) a sus hijos con el método Estivill o similares, que pasar las noches con sus hijos. Cuánto mejor acompañarles a la cama, contarles un cuento, que te cuenten alguna anécdota de la guarderia o del colegio y esperar a que se duerman abrazaditos a ti.
Seguramente la mayoría de los del método Estivill (ese pediatra que escribió el gran best seller "Duermete mi niño"-que debieran retirar del mercado-) son los que luego no encuentran tampoco tiempo para pasar una tarde con sus hijos.

En breve haré una entrada con documentación científica (Spitz, Bolwby, Mckenna, Harlow...) que avala sobre lo perjudicial que es dejar llorar a los niños, no consolarlos, dejarlos solos...). Sin embargo este tal Estivill (que plagió el método Ferber, lo mismo pero a nivel mundial y escrito varios años antes... y decir que el tal Ferber ni siquiera era profesional de la salud... era periodista...) lo que recomienda es lo contrario.
Los bebés no tienen desarrollado (y es cosa de tiempo) el concepto de espacio-tiempo, por lo que la separación de un objeto cercano a la cama (como una pared o el lateral de una cuna) puede significar para ellos lo que para nosotros un mar de distancia.
Lo mismo ocurre con la percepción del "tiempo" (siendo inclusoesta percepción, más impactante). Los bebés sólo saben lo que ocurre ¡aquí y ahora! y solamente un minuto ó 30 segundos puede parecerles una eternidad... Cuando sus seres queridos (esos a los que oía y sentía continuamente -todos los segundos del día- cuando sólo era un bebecito en el vientre de su madre) no están presentes en la habitación, para el bebé o incluso para el niño, supone una tremenda sensación de total soledad, de abandono, de destrucción del apego... y causa en ellos cuanto poco... un originario y profundo TERROR acompañado de tristeza, desolación y por supuesto aprendizaje (eso si aversivo, negativo).

Me encanta este sitio web de ayuda en la crianza y os dejó el enlace del escrito de Rosa Jové (Psicóloga Clínica y Psicopediatra)... bastante esclarecedor... Pincha aqui

Asimismo debajo de estas líneas os dejo un extracto del libro "Dormir sin lágrimas" (de Rosa Jové) Cuánto mejor este libro que el otro.
"El niño se queda solo, asustado. Por primera vez tiene miedo ante la idea de que sus padres no están y ante cómo afrontará esa nueva experiencia. La alarma se activa (...).

A partir de ese momento se ponen en marcha los sistemas más antiguos de respuesta a la alarma: el sistema HHA (hipotálamo-hipofisario-adrenal), el sistema adrenérgico, las catecolaminas, etc... ¿Que cómo funciona eso?

En principio, nuestro cuerpo se debe preparar para lo peor (escapar o pelear), por ello la amígdala (una parte de nuestro cerebro emocional) envía mensajes para que se active todo un sistema hormonal capitaneado por la adrenalina (...).

Todo este flujo químico y hormonal inunda violentamente el cerebro, apuntando directamente a la amígdala, que queda colapsada. Como el cuerpo es sabio y sabe que no resistiría mucho tiempo en una situación como ésta, suele compensarlo con la secreción de sustancias de carácter opiáceo (...). Los psicólogos que nos dedicamos a las catástrofes sabemos por experiencia que, tras un impacto, es cuestión de tiempo que descienda esta activación primera.

(...). El niño cae rendido y se duerme. Pero no se engañe: no ha aprendido nada, solamente está "autodrogado".

Con sucesivas experiencias como esta el niño va a aprender, por un lado, que nadie va a hacerle caso, que sus necesidades no son merecedoras de atención (aquí se da una baja autoestima) y por eso muchos de ellos dejan de protestar. Por otra parte, se cree que estas oleadas de sustancias químicas en el cerebro es la causa de la reducción de la producción normal de serotonina y de la insensibilización de la amígdala. (...) Esto se relaciona con la depresión y con la pérdida de oportunidades de desarrollar la confianza, la empatía y la autoestima. Además, un bajo nivel de serotonina es el indicador más importante de violencia en animales y humanos".

Rosa Jové, "Dormir sin lágrimas", Ed, La esfera de los libros

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