8 de marzo de 2009

Determinantes de las situaciones de estrés

El 10 de Octubre de cada año, se celebra el Día Mundial de la Salud Mental, con el propósito de difundir a la sociedad y a los responsables de políticas del mundo entero, temas centrales que requieren de la información, participación y compromiso de los distintos sectores implicados. En el año 2000, el tema central fue “Salud Mental y Trabajo”. Así la Federación Mundial de la Salud Mental acordó priorizar la Salud Mental Laboral para los años 2000 y 2001.

El estrés es el origen del 50% de las bajas laborales en la Unión Europea y la segunda causa de baja médica, alcanzando cifras epidémicas, que afectan anualmente a cuarenta millones de trabajadores, lo que supone un coste económico de 20.000 millones de euros (Gascón, Olmedo y Ciccotelli, 2003), sin contar los costes sociales, en rendimiento, calidad de servicio y en salud (Guerrero, 2005).

En nuestro discurrir diario (tanto en el plano laboral como en el familiar) nos encontramos con situaciones potencialmente muy estresantes, básicamente como consecuencia de los siguientes determinantes:

§ La trascendencia de nuestro trabajo y de nuestra vida. Un alto grado de responsabilidad en el trabajo. Un alto e inevitable grado de implicación en nuestra vida familiar.
§ La imposibilidad de predecir sin error el resultado final de nuestra aportación al trabajo.
§ Afrontar cualquier cambio que suponga una alteración de la vida cotidiana tanto si es un cambio positivo como negativo.
§ La imposibilidad de controlar múltiples cuestiones, ajenas a nosotros mismos, que pueden influir en el propio rendimiento (por ej., las condiciones laborales, la organización del trabajo por parte de los superiores, el rendimiento de otros compañeros, etc.).
§ La necesidad de mantener la concentración apropiada en muchas ocasiones.
§ El hecho de tener que superar sensaciones de dolor, cansancio, incomodidad, enfado, preocupación y decepción, que aparecen a menudo en el transcurso de nuestra jornada laboral.
§ La exigencia en numerosas ocasiones, de tener que tomar decisiones trascendentes en nuestro trabajo en muy poco tiempo.
§ Un entorno ambiental inadecuado (ruidos, estrechez, problemas ergonómicos…)
§ La enorme dificultad, en muchos casos, a veces imposibili­dad, de corregir los errores que se puedan llegar a cometer o evitar sus consecuencias.
§ El hecho de estar expuestos, en ocasiones, a la evaluación permanente de los demás.
§ La obligación de rendir al máximo en todo momento.
§ Sobrecarga o falta de trabajo
§ La necesidad de elevada concentración y/o dificultad
§ Funciones contradictorias
§ Jornadas largas y/o cambiantes (turnos, reducciones o ampliaciones de horario…)
§ Un ritmo de trabajo apresurado
§ Actividades laborales múltiples
§ Falta de una descripción clara del trabajo
§ Falta de apoyo, motivación, reconocimiento
§ Estancamiento profesional
§ Exposición a prejuicios, violencia, amenazas o intimidación
§ ...

Estas y otras muchas situaciones, como nuestros pensamientos disfuncionales, nuestras deficiencias en las relaciones interpersonales, nuestra falta de comunicación, el hacer nuestros los problemas de los demás, exigirnos más de lo que con certeza sabemos que podemos, los problemas de nuestra vida familiar que nos llevamos al trabajo y viceversa, hacen que nuestra vida sea un buen “caldo de cultivo” donde desarrollarse todos los problemas derivados del estrés.

Está claro que ante el estrés el organismo reacciona en bloque tanto en el aspecto biológico o corporal como en el psicológico. Actúa como desencadenante de enfermedades sobre todo del sistema inmunitario, cardiovascular, gastrointestinal y psicosomáticas.

La hipertensión arterial primaria, la arterioesclerosis, la úlcera gastroduodenal, los trastornos del ritmo intestinal (estreñimiento y diarrea), el infarto (en todas sus variantes), el descenso de las defensas y la propensión a las infecciones, la tensión premenstrual, todo tipo de trastornos psicosomáticos y hasta el cáncer están íntimamente ligados o relacionados con el estrés.

El estrés mantenido provoca agotamiento físico y cansancio psicológico.

Pero no todas las personas responden igual ante el estrés, dependiendo cada reacción, entre otras cosas, de la personalidad individual, de las circunstancias socio-ambientales y de las estrategias que cada persona ponga en marcha para paliar o mitigar sus reacciones de estrés.

Por esto último, pretendemos enseñar estrategias que contribuyan a mejorar el nivel de control de situaciones estresantes, tanto en el ámbito laboral como en el personal/social, facilitando con ello, un mayor nivel de competencia de los profesionales, que de este modo, se encontrarán más seguros, motivados y satisfechos.

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