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16 de septiembre de 2012

Cuentos de verano: "Mil canicas"


1000 canicas

Entre más envejezco, más disfruto de las mañanas de sábado. Tal vez es la quieta soledad que viene con ser el primero en levantarse, o quizá el increíble gozo de no tener que ir al trabajo... de todas maneras, las primeras horas de un sábado son en extremo agradables.
Hace unas cuantas semanas, me dirigía hacia mi equipo de radioaficionado en el sótano de mi casa, con una humeante taza de café en una mano y el periódico en la otra.
Lo que comenzó como una típica mañana de sábado, se convirtió en una de esas lecciones que la vida parece darnos de vez en cuando...

Déjenme contarles:

Sintonicé mi equipo de radio a la porción telefónica de mi banda, para entrar en una red de intercambio de sábado en la mañana. Después de un rato, me topé con un compañero que sonaba entrado en años. Él le estaba diciendo a quien estuviese conversando con él algo acerca de "unas mil canicas".

Quedé intrigado y me detuve para escuchar lo que tenía que decir:

"Bueno Tom, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo. Estoy seguro de que te pagan bien, pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta horas a la semana para sobrevivir. Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija".

Continuó:
"Déjame decirte algo, Tom, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades".

Y entonces fue cuando comenzó a explicar su teoría sobre unas "mil canicas".

"Me senté un día e hice algo de aritmética. La persona promedio vive unos setenta y cinco años. Yo sé, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos setenta y cinco años".
"Entonces, multipliqué 75 años por 52 semanas por año, y obtuve 3.900, que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida.
Mantente conmigo, Tom, que voy a la parte importante".
"Casi hasta los cincuenta y cinco años no llegué a pensar todo esto en detalle", continuó, " y para ése entonces, con mis 55 años, ya había vivido más de dos mil ochocientos sábados!!!
Me puse a pensar que si llegaba a los setenta y cinco años, sólo me quedarían unos mil sábados más que disfrutar"
"Así que fui a una tienda de juguetes y compré cada canica que tenían. Tuve que visitar tres tiendas para obtener 1.000 canicas. Las llevé a casa y las puse en una fuente de cristal transparente, junto a mi equipo de radioaficionado. Cada sábado a partir de entonces, he tomado una canica y la he tirado".
"Descubrí que al observar cómo disminuían las canicas, me enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra, para ajustar y adaptar tus prioridades en esta vida".
"Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos y lleve a mi bella esposa a desayunar. Esta mañana, saqué la última canica de la fuente de cristal... y
entonces, me di cuenta de que si vivo hasta el próximo sábado, entonces me habrá sido dado un poquito más de tiempo, de vida... y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo".
"Me gustó conversar contigo, Tom, espero que puedas estar más tiempo con tu familia y espero volver a encontrarnos aquí en la banda. Hasta pronto, se despide "el hombre de 75 años ", cambio y fuera, ¡buen día!"

Uno pudiera haber oído un alfiler caer en la banda cuando este amigo se desconectó. Creo que nos dio a todos, bastante sobre lo qué pensar.

Yo había planeado trabajar en la antena aquella mañana, y luego iba a reunirme con unos cuantos radioaficionados para preparar la nueva circular del club.

En vez de aquello, subí las escaleras y desperté a mi esposa con un beso.
"Vamos, querida, te quiero llevar a ti y a los niños a desayunar fuera". ¿Qué pasa?" Preguntó sorprendida. "Oh, nada; es que no hemos pasado un sábado juntos con los niños en mucho tiempo. Por cierto, ¿podemos parar en la tienda de juguetes mientras estamos fuera? Necesito comprar algunas canicas"...

…Nos acostumbramos a vivir en apartamentos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor. Y porque no tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y porque no miramos para afuera luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Y porque no abrimos del todo las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.
Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.
Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomar café corriendo porque vamos retrasados. A comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto. A salir del trabajo porque ya es la tarde. A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.
Nos acostumbramos a esperar el día entero, y a oír o decir en el teléfono: "hoy no puedo ir".
A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.
Si el cine está lleno, nos sentamos en la primera fila y torcemos un poco el cuello.
Si la playa está contaminada, sólo mojamos los pies y sudamos el resto del cuerpo.
Si el trabajo está duro, nos consolamos pensando en el fin de semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer vamos a dormir temprano y quedamos satisfechos porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida. Que, de poco a poquito, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

ALGUIEN DIJO...
"LA MUERTE ESTÁ TAN SEGURA DE SU VICTORIA, QUE NOS DA TODA UNA VIDA DE VENTAJA"...

Ojalá esta reflexión te ayude a encontrar el valor de tu tiempo... y a disfrutarlo de la mejor manera.

15 de agosto de 2012

Cuentos de verano: ¿Cuánto Vales? y Sé Feliz


¿Cuánto Vales?

           Juan, con el rostro abatido de tristeza se reúne con su amiga Maria en un bar a tomar un café.

            Deprimido descargó en ella sus angustias...que el trabajo, que el dinero, que la relación con su pareja, que su vocación...todo parecía estar mal en su vida.

            Maria introdujo la mano en su cartera, sacó un billete de 50 euros y le dijo:

 - Juan, ¿quieres este billete?

            Juan, un poco confundido al principio, inmediatamente le dijo:

 - Claro Maria...son 50 euros, ¿quién no los querría?


             Entonces Maria tomó el billete en uno de sus puños y lo arrugó hasta hacer una pequeña bola. 

             Mostrando la estrujada pelotita marrón a Juan volvió a preguntarle:

 - Y ahora igual lo quieres?

 - Maria, no sé qué pretendes con esto, pero siguen siendo 50 euros, claro que los tomaré si me lo entregas.

            Entonces Maria desdobló el arrugado billete, lo tiró al suelo y lo restregó con su pie, levantándolo luego sucio y  marcado.

 - ¿Lo sigues queriendo?

 - Mira Maria, sigo sin entender que pretendes, pero ese es un billete de 50 euros y mientras no lo rompas conservará su valor...

 - Entonces Juan, debes saber que aunque a veces algo no salga como quieres, aunque la vida te arrugue o pisotee, sigues siendo tan valioso como siempre lo hayas sido...lo que debes preguntarte es Cuánto Vales en realidad y no lo golpeado que puedas estar en un momento determinado.

            Juan se quedó mirando a Maria sin decir palabra alguna mientras el impacto del mensaje penetraba profundamente en su cerebro.

            Maria puso el arrugado billete de su lado en la mesa y con una sonrisa cómplice agregó:

 - Toma, guárdalo para que te acuerdes de esto cuando te sientas mal... ¡pero me debes un billete NUEVO de 50 euros para poder usar con el próximo amigo que lo necesite!


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            Y tú cuánto vales??. Mucho verdad… pues adelante.

            Hoy quiero recordar un video que me acompaña siempre en los malos momentos… y me ayuda mucho. Sólo escuchar la música me induce al buen rollo… pero intenta leer los mensajes y observar los dibujos… para ello necesitarás ver el video más de una vez. Pon tus altavoces a tope. (Sé Feliz)

            Sé feliz… vales mucho.

José Manuel









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