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22 de septiembre de 2012

Cuentos de verano: "Habitación con vistas"


Hoy termina el verano... os presento el último cuento de verano. Feliz otoño. Todo empieza a cambiar...

Habitación con vistas

Dos hombres, los dos gravemente enfermos, ocupaban la misma habitación de hospital.
Uno de los dos podía sentarse en su cama durante una hora cada mediodía a fin de evacuar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación.

El otro hombre debía pasar sus días tumbado, sin poderse levantar en ningún momento.
Los dos hablaban durante horas. Hablaban de sus esposas, de su familia, de su casa, de su empleo, de su participación en el servicio militar y de dónde habían pasado sus vacaciones. Además, cada mediodía, cuando el hombre de cerca de la ventana podía sentarse, pasaba este tiempo describiendo a su compañero de habitación todo lo que podía ver fuera a través de la ventana.

El hombre de la otra cama sentía que volvía a vivir gracias a estos períodos de una hora en los que su mundo era ampliado y animado por todas las actividades y colores del mundo exterior. Desde la habitación, la vista daba a un parque con un hermoso lago. Los patos y los cisnes jugaban en el agua, mientras los niños hacían navegar sus barcos en miniatura. Los jóvenes enamorados paseaban enlazados entre las flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles decoraban el paisaje y una hermosa vista de la ciudad se podía percibir en el horizonte.

Mientras que el hombre cerca de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos, el hombre del otro lado de la habitación cerraba sus ojos e imaginaba la escena pintoresca. Otro mediodía, el hombre cerca de la ventana describió un desfile que pasaba por allí. Ya que el hombre yacente no podía oír la orquesta, podía sin embargo verla con los ojos de su imaginación, dada la descripción llena de palabras poéticas y precisas.

Una mañana, la enfermera de día llegó para traer el agua de los lavabos y descubrió el cuerpo sin vida del hombre que estaba cerca de la ventana - se había apagado apaciblemente durante su sueño. Entristecida, pidió ayuda para llevarse el cuerpo. El otro hombre, en cuando sintió que era el momento preciso, pidió si él podía ser desplazado al lado de la ventana. La enfermera se alegró de poder complacerle y, después de asegurarse de que estaba confortablemente instalado, le dejó solo.

Lentamente, se alzó como pudo sobre un codo para echar un primer vistazo. Al fin tendría la alegría de ver por sí mismo todo lo que su compañero había sabido describirle tan bien... Sin embargo, ¡todo lo que sus ojos vieron fue un simple muro! "¿Por qué su compañero muerto le había descrito tantas maravillas si en realidad no había nada?", le preguntó a la enfermera. "Puede que simplemente haya querido darle ánimos, puesto que él era ciego".


EPÍLOGO: “Hay una felicidad inmensa en hacer felices a los otros, a pesar de las propias preocupaciones. La pena compartida es la mitad del dolor, pero la alegría, una vez compartida, es doble. Si quieres sentirte rico/a de verdad, no tienes más que contar todas aquellas cosas que posees y que el dinero no puede comprar.

El hoy es un regalo, y por eso se llama "presente".


9 de septiembre de 2012

Cuentos de verano: Instantes


Instantes
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entendiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos 60 segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
despertaría cuando los demás duermen,
escucharía cuando los demás hablan,
y ¡como disfrutaría de un buen helado de chocolate!.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
vestiría sencillo,
me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre el hielo y esperaría a que saliera el Sol
pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas, un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la Luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas
y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que la quiero
convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar
que dejan de enamorarse cuando envejecen
sin saber que envejecen ¡cuando dejan de enamorarse!.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él, solo, aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez,
sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres...
he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña,
sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño,
por vez primera el dedo de su padre,
lo tiene atrapado para siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho de mirar a otro hacia abajo,
Cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
Pero realmente de mucho no habrán de servir,
Porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

 

de Gabriel García Márquez

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