28 de septiembre de 2012

Mírame. Diferénciate.

Ha comenzado una nueva inciativa colaborativa que intenta mejorar la asistencia sanitaria: Mírame, diferénciate.

Somos un grupo de profesionales, enfermeras, médicos, fisioterapeutas, economistas, pediatras, periodistas e informáticos, convencidos de que la calidad asistencial puede mejorar con pequeños gestos, como mirar a los ojos de las personas que atendemos. Nuestro origen es diferente pero tenemos dos nexos de unión: trabajamos en el campo de la salud y creemos en la fuerza de las redes sociales para generar y difundir ideas e iniciativas. Una iniciativa que comienza a finales de agosto de 2011, y en la que hemos trabajado más de 30 profesionales.
Con “mírame, diferénciate” se pretende hacer un llamamiento a la reflexión para otorgar a la comunicación no verbal, la mirada y la empatía la importancia que tiene en el proceso del cuidado.
Soy una enfermera asistencial , conozco el día a día de las plantas, y puedo dar fe de que la enfermería que me rodea practica una labor humana, calida y profesional. Las cargas de trabajo, los reajustes en las plantillas y otras cuestiones ajenas no deben hacernos olvidar estos aspectos, y por eso con esta iniciativa queremos que estén presente en nuestro día a día.
Esta iniciativa esta abierta para que todo aquel que se quiera unir lo haga, ya sea desde las redes sociales, con su blog etc…
Las conexiones en la red de la iniciativa son :
Queremos que este mensaje llegue al máximo número de personas que dedican parte de su tiempo a atender a otros. Si eres profesional de la salud, cuidador, paciente o representas a una Organización y quieres apoyarnos súmate y participa en http://www.diferenciate.org/

27 de septiembre de 2012

22 de septiembre de 2012

Cuentos de verano: "Habitación con vistas"


Hoy termina el verano... os presento el último cuento de verano. Feliz otoño. Todo empieza a cambiar...

Habitación con vistas

Dos hombres, los dos gravemente enfermos, ocupaban la misma habitación de hospital.
Uno de los dos podía sentarse en su cama durante una hora cada mediodía a fin de evacuar los fluidos de sus pulmones. Su cama estaba al lado de la única ventana de la habitación.

El otro hombre debía pasar sus días tumbado, sin poderse levantar en ningún momento.
Los dos hablaban durante horas. Hablaban de sus esposas, de su familia, de su casa, de su empleo, de su participación en el servicio militar y de dónde habían pasado sus vacaciones. Además, cada mediodía, cuando el hombre de cerca de la ventana podía sentarse, pasaba este tiempo describiendo a su compañero de habitación todo lo que podía ver fuera a través de la ventana.

El hombre de la otra cama sentía que volvía a vivir gracias a estos períodos de una hora en los que su mundo era ampliado y animado por todas las actividades y colores del mundo exterior. Desde la habitación, la vista daba a un parque con un hermoso lago. Los patos y los cisnes jugaban en el agua, mientras los niños hacían navegar sus barcos en miniatura. Los jóvenes enamorados paseaban enlazados entre las flores de todos los colores del arco iris. Grandes árboles decoraban el paisaje y una hermosa vista de la ciudad se podía percibir en el horizonte.

Mientras que el hombre cerca de la ventana describía todo esto con detalles exquisitos, el hombre del otro lado de la habitación cerraba sus ojos e imaginaba la escena pintoresca. Otro mediodía, el hombre cerca de la ventana describió un desfile que pasaba por allí. Ya que el hombre yacente no podía oír la orquesta, podía sin embargo verla con los ojos de su imaginación, dada la descripción llena de palabras poéticas y precisas.

Una mañana, la enfermera de día llegó para traer el agua de los lavabos y descubrió el cuerpo sin vida del hombre que estaba cerca de la ventana - se había apagado apaciblemente durante su sueño. Entristecida, pidió ayuda para llevarse el cuerpo. El otro hombre, en cuando sintió que era el momento preciso, pidió si él podía ser desplazado al lado de la ventana. La enfermera se alegró de poder complacerle y, después de asegurarse de que estaba confortablemente instalado, le dejó solo.

Lentamente, se alzó como pudo sobre un codo para echar un primer vistazo. Al fin tendría la alegría de ver por sí mismo todo lo que su compañero había sabido describirle tan bien... Sin embargo, ¡todo lo que sus ojos vieron fue un simple muro! "¿Por qué su compañero muerto le había descrito tantas maravillas si en realidad no había nada?", le preguntó a la enfermera. "Puede que simplemente haya querido darle ánimos, puesto que él era ciego".


EPÍLOGO: “Hay una felicidad inmensa en hacer felices a los otros, a pesar de las propias preocupaciones. La pena compartida es la mitad del dolor, pero la alegría, una vez compartida, es doble. Si quieres sentirte rico/a de verdad, no tienes más que contar todas aquellas cosas que posees y que el dinero no puede comprar.

El hoy es un regalo, y por eso se llama "presente".


16 de septiembre de 2012

Cuentos de verano: "Mil canicas"


1000 canicas

Entre más envejezco, más disfruto de las mañanas de sábado. Tal vez es la quieta soledad que viene con ser el primero en levantarse, o quizá el increíble gozo de no tener que ir al trabajo... de todas maneras, las primeras horas de un sábado son en extremo agradables.
Hace unas cuantas semanas, me dirigía hacia mi equipo de radioaficionado en el sótano de mi casa, con una humeante taza de café en una mano y el periódico en la otra.
Lo que comenzó como una típica mañana de sábado, se convirtió en una de esas lecciones que la vida parece darnos de vez en cuando...

Déjenme contarles:

Sintonicé mi equipo de radio a la porción telefónica de mi banda, para entrar en una red de intercambio de sábado en la mañana. Después de un rato, me topé con un compañero que sonaba entrado en años. Él le estaba diciendo a quien estuviese conversando con él algo acerca de "unas mil canicas".

Quedé intrigado y me detuve para escuchar lo que tenía que decir:

"Bueno Tom, de veras que parece que estás ocupado con tu trabajo. Estoy seguro de que te pagan bien, pero es una lástima que tengas que estar fuera de casa y lejos de tu familia tanto tiempo. Es difícil imaginar que un hombre joven tenga que trabajar sesenta horas a la semana para sobrevivir. Qué triste que te perdieras la presentación teatral de tu hija".

Continuó:
"Déjame decirte algo, Tom, algo que me ha ayudado a mantener una buena perspectiva sobre mis propias prioridades".

Y entonces fue cuando comenzó a explicar su teoría sobre unas "mil canicas".

"Me senté un día e hice algo de aritmética. La persona promedio vive unos setenta y cinco años. Yo sé, algunos viven más y otros menos, pero en promedio, la gente vive unos setenta y cinco años".
"Entonces, multipliqué 75 años por 52 semanas por año, y obtuve 3.900, que es el número de sábados que la persona promedio habrá de tener en toda su vida.
Mantente conmigo, Tom, que voy a la parte importante".
"Casi hasta los cincuenta y cinco años no llegué a pensar todo esto en detalle", continuó, " y para ése entonces, con mis 55 años, ya había vivido más de dos mil ochocientos sábados!!!
Me puse a pensar que si llegaba a los setenta y cinco años, sólo me quedarían unos mil sábados más que disfrutar"
"Así que fui a una tienda de juguetes y compré cada canica que tenían. Tuve que visitar tres tiendas para obtener 1.000 canicas. Las llevé a casa y las puse en una fuente de cristal transparente, junto a mi equipo de radioaficionado. Cada sábado a partir de entonces, he tomado una canica y la he tirado".
"Descubrí que al observar cómo disminuían las canicas, me enfocaba más sobre las cosas verdaderamente importantes en la vida. No hay nada como ver cómo se te agota tu tiempo en la tierra, para ajustar y adaptar tus prioridades en esta vida".
"Ahora déjame decirte una última cosa antes que nos desconectemos y lleve a mi bella esposa a desayunar. Esta mañana, saqué la última canica de la fuente de cristal... y
entonces, me di cuenta de que si vivo hasta el próximo sábado, entonces me habrá sido dado un poquito más de tiempo, de vida... y si hay algo que todos podemos usar es un poco más de tiempo".
"Me gustó conversar contigo, Tom, espero que puedas estar más tiempo con tu familia y espero volver a encontrarnos aquí en la banda. Hasta pronto, se despide "el hombre de 75 años ", cambio y fuera, ¡buen día!"

Uno pudiera haber oído un alfiler caer en la banda cuando este amigo se desconectó. Creo que nos dio a todos, bastante sobre lo qué pensar.

Yo había planeado trabajar en la antena aquella mañana, y luego iba a reunirme con unos cuantos radioaficionados para preparar la nueva circular del club.

En vez de aquello, subí las escaleras y desperté a mi esposa con un beso.
"Vamos, querida, te quiero llevar a ti y a los niños a desayunar fuera". ¿Qué pasa?" Preguntó sorprendida. "Oh, nada; es que no hemos pasado un sábado juntos con los niños en mucho tiempo. Por cierto, ¿podemos parar en la tienda de juguetes mientras estamos fuera? Necesito comprar algunas canicas"...

…Nos acostumbramos a vivir en apartamentos y a no tener otra vista que no sea las ventanas de alrededor. Y porque no tiene vista, luego nos acostumbramos a no mirar para afuera. Y porque no miramos para afuera luego nos acostumbramos a no abrir del todo las cortinas. Y porque no abrimos del todo las cortinas luego nos acostumbramos a encender más temprano la luz.
Y a medida que nos acostumbramos, olvidamos el sol, olvidamos el aire, olvidamos la amplitud.
Nos acostumbramos a despertar sobresaltados porque se nos hizo tarde. A tomar café corriendo porque vamos retrasados. A comer un sándwich porque no da tiempo para comer a gusto. A salir del trabajo porque ya es la tarde. A cenar rápido y dormir pesados sin haber vivido el día.
Nos acostumbramos a esperar el día entero, y a oír o decir en el teléfono: "hoy no puedo ir".
A sonreír a las personas sin recibir una sonrisa de vuelta. A ser ignorados cuando precisábamos tanto ser vistos.
Si el cine está lleno, nos sentamos en la primera fila y torcemos un poco el cuello.
Si la playa está contaminada, sólo mojamos los pies y sudamos el resto del cuerpo.
Si el trabajo está duro, nos consolamos pensando en el fin de semana.
Y si el fin de semana no hay mucho que hacer vamos a dormir temprano y quedamos satisfechos porque siempre tenemos sueño atrasado.

Nos acostumbramos a ahorrar vida. Que, de poco a poquito, igual se gasta y que una vez gastada, por estar acostumbrados, nos perdimos de vivir.

ALGUIEN DIJO...
"LA MUERTE ESTÁ TAN SEGURA DE SU VICTORIA, QUE NOS DA TODA UNA VIDA DE VENTAJA"...

Ojalá esta reflexión te ayude a encontrar el valor de tu tiempo... y a disfrutarlo de la mejor manera.

13 de septiembre de 2012

Cuentos de verano: "Y no sonríes... sino lloras"


Cuando las cosas tan mal vayan  que sin quererlo pasa.
Cuando el camino hacia una cuesta empinada tira.
Cuando tus pasos enlentezcan tu destino.
Cuando tus recursos escaseen y sólo tus “deudas” miras.

Y no sonríes, sino lloras.
Siéntate en el camino, pero no te rindas.

Si tus preocupaciones te asaltan y te aniquilan.
Si no encuentras respuestas a tus preguntas vacías.
Si sí, o si no, o si tal vez, o si dudas de ti algún día.
O si el fracaso llamase a tu puerta o le abrieras a la intriga.

Y no sonríes, sino lloras.
Siéntate en el camino, pero no te rindas.


Fracasar no es caer, es no poderte levantar.
El éxito no es llegar, sino el esfuerzo en el camino.
Y cuando los nubarrones aparezcan déjalos pasar
procurando disfrutar del arco iris del destino.

Y aunque el paso sea lento, impreciso y lento,
recuerda que más allá del triunfo está el ¡otra vez lo intento!.

Por eso, atrévete a luchar sin duda,
porque en verdad, cuando todo se enturbia,
el que es valiente no se rinde,
¡lucha!

De José Manuel Párraga


9 de septiembre de 2012

Cuentos de verano: Instantes


Instantes
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo
y me regalara un trozo de vida,
posiblemente no diría todo lo que pienso,
pero, en definitiva, pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen,
sino por lo que significan.
Dormiría poco, soñaría más,
entendiendo que por cada minuto que cerramos los ojos,
perdemos 60 segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen,
despertaría cuando los demás duermen,
escucharía cuando los demás hablan,
y ¡como disfrutaría de un buen helado de chocolate!.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida,
vestiría sencillo,
me tiraría de bruces al sol,
dejando descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma.
Dios mío, si yo tuviera un corazón,
escribiría mi odio sobre el hielo y esperaría a que saliera el Sol
pintaría con un sueño de Van Gogh sobre las estrellas, un poema de Benedetti,
y una canción de Serrat sería la serenata que le ofrecería a la Luna.
Regaría con mis lágrimas las rosas,
para sentir el dolor de sus espinas
y el encarnado beso de sus pétalos...
Dios mío, si yo tuviera un trozo de vida...
no dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que la quiero
convencería a cada mujer u hombre que son mis favoritos
y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuán equivocados están al pensar
que dejan de enamorarse cuando envejecen
sin saber que envejecen ¡cuando dejan de enamorarse!.
A un niño le daría alas,
pero le dejaría que él, solo, aprendiese a volar.
A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez,
sino con el olvido.
Tantas cosas he aprendido de ustedes, los hombres...
he aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña,
sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño,
por vez primera el dedo de su padre,
lo tiene atrapado para siempre.
He aprendido que un hombre sólo tiene derecho de mirar a otro hacia abajo,
Cuando ha de ayudarle a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes,
Pero realmente de mucho no habrán de servir,
Porque cuando me guarden dentro de esa maleta,
infelizmente me estaré muriendo.

 

de Gabriel García Márquez

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